Me cuesta hablar de Buenos Aires. Sin lugar a dudas ha sido la ciudad qué más he soñado visitar desde mis catorce años, cuando leía a trompicones a Borges sin enterarme demasiado, recitaba capítulos enteros de la Rayuela de Cortázar, me emocionaba con \\\\\\\"Un lugar en el mundo\\\\\\\"... Y por supuesto el rock argentino. De los Rodríguez a la Bersuit, pasando, quedándome en la música de Andrés Calamaro. Si pueden llamarme \\\\\\\"gruppie\\\\\\\" de alguien es de Calamaro, por siempre \\\\\\\"te voy a llevar adentro mío.\\\\\\\" Hago toda esta introducción tan sentimental (y que a nadie le importa) porque mi viaje Buenos Aires siguió siendo así. Una especie de sueño que al cumplirse siguió siendo un sueño. Pasé en Buenos Aires casi un mes. Dormí en uno de los elegentes apartamentos del muy chic Palermo Viejo, paseé por la calle Honduras, hice mi sentido homenaje en la Plaza de Cortázar, pasé horas en la Avenida Corrientes viendo libros y más libros, me emocioné ante su Obelisco, comí decenas de deliciosos bifes de chorizo, en Puerto Madero fuí a los bares más modernos, a las tascas viejas me fuí en Caminito, grité en el Barrio de la Boca... En definitiva, viví mi sueño. De eso va Minube, de eso van los viajes y de eso tiene que ir la vida. Me comparaban a BA con Madrid y es muy cierto. No encontré ninguna ciudad más parecida a Madrid. ¿En qué? En lo acogedor, en el bullicio, en cierto desorden, en la belleza del conjunto y no tanto en los imponentes edificios, pero sobre todo en que la sentí igual mi casa. Volveré y seguiré volviendo. Estoy un paso acá y un paso allá. Y como dice Calamaro, \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\"ya siento que estoy radiante por volver, tengo en cuenta que el diamante es carbón\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\"...