Este palacio ha sido el centro del imperio Otomano durante siglos. En sus paredes sucedieron intrigas dignas de la tetralogÃa de Indiana Jones o del espÃa Lawrence de Arabia. Fue hogar de Selim II el Borracho, ahogado en el baño depués de haber bebido demasiado champán; de Ibrahim el loco, que se volvió loco después de estar cuatro años encerrado en una jaula; y de la bella y malvada Roxelana, intrigante esposa de Solimán el MagnÃfico. Todas estas historias y su sitio en la Historia (con mayúsculas) han hecho del Topkapi uno de los palacios más notables del mundo y uno de los que más ha fascinado desde siempre. Libros, pelÃculas, leyendas, óperas... Multitud de artistas han querido dar su peculiar visión de este edificio de ensueño, que invita a transportarnos a otro tiempo.
Su construcción data del siglo XV, y todos los sultanes vivieron aquà hasta el siglo XIX. De todas las épocas se conservan reliquias como joyas, camas, trazados de jardines, bibliotecas, quioscos, piscinas... Este lugar estaba pensado para acercar al sultán a su futuro lugar celestial, su belleza está cuidada hasta el último detalle, igual que su enclave privilegiado: se asienta en la confluencia del Bósforo, del Cuerno de Oro y del mar de Mármara.
No hay que irse de Estambul sin verlo, aunque quizás haya que seleccionar qué ver, ya que si no la visita puede hacerse un poco larga. Como única pega del lugar hay que señalar la deficiente información que se da en la taquilla. Se asegura que la entrada de 6 euros vale para visitar todo el recinto y no es cierto. Para ver el mágnifico harén hay que pagar otros seis euros y visiarlo a partir de la una de la tarde. A mi juicio, un precio excesivo, donde además no se hacen ningún descuento ni por carnet joven, ni estudiante, ni profesor...
De todas formas, ya por sólo la cámara del tesoro, las cocinas y las vistas de los jardines merece la pena entrar a este palacio de ensueño, el más importante de todo el Imperio Otomano.